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Juan Echanove protagoniza el sábado "Sueños",  basada en la obra "Los sueños" de Francisco de Quevedo

Juan Echanove protagoniza "Sueños",  basada en la obra "Los sueños" de Francisco de Quevedo

 

La única función será mañana sábado en la sala Argenta a las 20:30 HORAS

Juan Echanove protagoniza "Sueños", basada en la obra de Francisco de Quevedo del mismo título, mana sábado día 7 en la sala Argenta a las 20:30 horas. Dirigida por Gerardo Vera, está interpretada por Óscar de la Fuente, Markos Marín, Antonia Paso, Lucía Quintana, Marta Ribera, Chema Ruiz, Ferran Vilajosana, Eugenio Villota, Abel Vitón. Se trata de una producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico en coproducción con La llave maestra producciones artísticas y Traspasos Kultur.

«Un monumento literario, moral, filosófico y político», dice Gerardo Vera de la obra de Quevedo. «Es un Informe Semanal del siglo XVII», añade gráficamente. «Es un tratado sobre la corrupción, la indignación moral... Sobre la condición humana, en definitiva». Define a Quevedo como un «gran cronista de la realidad española» y asegura que se ha sumergido en él «sin adornos, sin coartadas, yendo a lo más profundo de la herida aunque te empapes en su sangre».

En sus notas, Vera subraya que "enfrentarse a Quevedo y, sobre todo, zambullirse en ese caudaloso discurso lúcido y doloroso sobre la decadencia de un imperio, es una insensatez de la que solo eres consciente cuando ya estás con el agua al cuello tratando de sobrevivir a esa embestida directa contra las conciencias que es la obra magna del gran cronista de la realidad española sin adornos, sin coartadas, yendo a lo más profundo de la herida aunque te empapes en su sangre".

Continua afirmando que "la realidad del XVII era tan contundente que «solo se podía vegetar o vivir en carne viva». Y así¿ vivió¿ Quevedo, contemporáneo de Velázquez, pintor también de la liquidación española. Eso hemos intentado reflejar a partir de su obra más personal, sus Sueños, crónica dolorosa y lucida de una España presa de la corrupción de las monarquías de Felipe III y Felipe IV, presa del ocio y de la ignorancia, donde la filosofía era esclavizada por la teología".

"Todo olía a podrido en Madrid y en las Españas, y ahí¿ es donde escandalizan los sueños, chismosos y veraces, caricatura, testimonio, dolor y carcajada, escritos por una mano manchada por el dolor que rezuma su propia herida interior. Quevedo se convierte, sin querer, en el testigo más fiel de cómo un imperio empieza a desmoronarse." concluye